Testimonios
Día de la mujer | Día de la mujer |
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LAS MUJERES TRASMITIREMOS LOS VALORES DE IGUALDAD A LAS GENERACIONES FUTURAS Tengo fe y esperanza en que en el futuro que vivirán nuestras hijas se habrán consolidado los valores de igualdad de género en todos los ámbitos, cobrarán salarios equiparados a los de los hombres, será un hecho la conciliación real entre trabajo y familia, y el maltrato psicológico y físico hacia la mujer pasarán a ser esporádicos casos aislados. En el futuro de nuestras hijas, no se necesitarán leyes que favorezcan a las mujeres, sino personas que luchen por hacer valer los derechos de la humanidad. Sería nimio creer que la evolución lógica de la historia nos llevará hacia ese futuro. Nos corresponde a nosotras seguir cambiando las mentalidades propias y ajenas con nuestros ejemplos, actitudes y una esmerada educación a esas hijas que serán las protagonistas del mañana. Contagiada por el espíritu guerrero de mi hija Yaiza que ha dado a conocer la causa de la Fundación Ana Bella en el Instituto Juan de Mairena, con el ejemplo de un magnífico conferenciante motivacional como es José Luis Briones, con quien estoy colaborando actualmente en su proyecto de Emprendedores para el Siglo XXI, y aconsejada por mi buena amiga y gran profesional de la educación Carmen López, he comenzado una serie de charlas, exposiciones y talleres en torno al tema de la discriminación de la mujer y de la sensibilización y prevención de la discriminación social y violencia de género. Todo ello está siendo posible gracias a profesores que no han perdido la fe en la transmisión de valores a los niños para lograr un cambio de mentalidad en la sociedad. Profesores como Juan Terreno, Lola Prieto y Loli Hidalgo (subdirectora del IES Juan de Mairena). A ellos les agradezco desde estas líneas su esfuerzo y su “no rendirse” a pesar de nadar a contra corriente y la oportunidad que me han otorgado para aportar contribución en esta revolución social. Reflexionando sobre el tema de la Mujer Trabajadora, he llegado a la conclusión de que el trabajo en muchas ocasiones no ha resultado ser una liberación para la mujer sino una fuente más de discriminación y un mar en el que salen a flote las desigualdades reales entre hombres y mujeres. A las mujeres de la generación de mi madre se les vendió el trabajo como un privilegio, se las explotó en aras de la realización personal y cayeron en la cuenta de que conciliación de vida laboral y familiar sólo era posible a través de su sacrificio personal. En la actualidad nos damos cuenta de que aunque ha aumentado considerablemente la tasa de ocupación femenina, los cargos dirigentes, de toma de decisiones, siguen siendo aplastantemente masculinos, sólo el 3% de las mujeres empleadas ostentan cargos de poder. Dejando a un lado las dificultades que tienen las mujeres para alcanzar el estrato más alto ( menos años en la vida activa del país, discriminación, trabajar en un mundo de hombres, la condición de madres y baja laboral consecuente, etc), opino que muchas mujeres han rechazado un cargo de poder porque sus valores van más allá del prestigio social o la ambición económica, sino que prevalece el sentido de familia y de solidaridad. Si ser la directora de una empresa le supone a la mujer restar horas a su vida personal y familiar, por lo común renuncian al ascenso en pos de esos valores. Sugiero que hombres y mujeres aprendan de esta visión femenina de la vida profesional para que avancemos juntos en un mundo más justo e igualitario. En el afán de superación de las mujeres, nos olvidamos de que somos vencibles, que somos mortales, que nos podemos debilitar y que debemos exigir la misma dignidad y facilidad de los hombres. La perseverancia que nos es común a casi todas las mujeres a veces acaba menoscabando el fin primero por el que luchábamos y se convierte en cabezonería cuando negamos ver los peligros que nos acechan al final del camino... Nos resistimos a estar equivocadas, y es que en realidad no estamos equivocadas, es la sociedad la que gira en torno al hombre y cuando queremos marcar nuestro ritmo resulta que la tuerca de nuestro acelerador no encaja en absoluto en el engranaje del movimiento. El día en que entendamos que debemos, no jugar con los hombres, sino cambiar esas reglas obsoletas que ellos propugnan por otras que incluyan a ambas perspectivas (masculina y femenina en cuando a modo de ver y experimentar la vida), entonces despertaremos a una sociedad más igualitaria y justa. Elizabeth Perle Mckenna escribe en su libro “No sólo de trabajo vive la Mujer”: “En realidad, el mundo masculino de los negocios no había hecho más que agregar al juego de póquer algunos jugadores femeninos. Eso significaba que las mujeres invitadas a las mesas de los logros y las oportunidades jugaban según las reglas que habían sido establecidas mucho tiempo antes de su llegada. Estas mujeres construían sus vidas agregando la identidad del éxito, tal como la habían definido los hombres, a sus identidades femeninas. Para triunfar, tenían que aprender a valorarse tal como lo haría un hombre. Mientras competían con los hombres, tenías que compararse con ellos, y al hacerlo, atrofiaban, aunque fuese de una manera sutil, algunos aspectos importantes en la vida de una mujer.” Cuando miro el presente me agobio pensando en el largo camino que todavía hay que recorrer para que la igualdad entre ambos sexos sea real en todos los ámbitos. Pero al recordar el pasado, percibo que la lucha merece la pena porque hemos ido alcanzando derechos que se nos habían negado simplemente por ser mujer: derecho a la propiedad privada, derecho al voto, … Hombres y mujeres somos iguales ante la ley, pero las mujeres, hemos tenido que ganarnos esos derechos, hemos tenido que exigirlos, a veces, con nuestra propia sangre. La Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948 no fue suficiente para amparar a la mujer. Tuvo que proclamarse, en 1967, la Declaración sobre la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer. El Día de la Mujer Trabajadora es una conmemoración y no una celebración. Un día en que las mujeres exigimos ser tratadas con el respeto que se merecen todos los seres humanos. El Día Internacional de la Mujer es cada vez más una ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de valor y decisión de mujeres comunes que han desempeñado una función extraordinaria en la historia de los derechos de la mujer. La Fundación Ana Bella reafirma su compromiso con la eliminación de todas las formas de violencia y discriminación hacia las mujeres, que persisten en los distintos ámbitos sociales y laborales, manifestando la necesidad permanente de avanzar en el desarrollo de un mundo más justo, igualitario y solidario. Como dijo el Sexto secretario General de las Naciones Unidas, Boutros Ghali: "Ahora más que nunca, la causa de la humanidad es la causa de la mujer" El Día Internacional de la Mujer se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre. En su mensaje del año pasado (2005) a raíz del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el Secretario General de Naciones Unidas afirmó que “la igualdad de género es fundamental para el desarrollo y la paz de todas las naciones y que la promoción de la igualdad de género no es sólo responsabilidad de la mujer sino que incumbe a todos nosotros. Han transcurrido 60 años desde que los fundadores de las Naciones Unidas consagraron en la primera página de nuestra Carta la igualdad de derechos de las mujeres y los hombres. Desde entonces todos los estudios realizados nos han enseñado que no existe un instrumento de desarrollo más eficaz que la potenciación de la mujer. Ninguna otra política tiene las mismas posibilidades de aumentar la productividad económica ni de reducir la mortalidad maternoinfantil. Ninguna otra política mejorará sin duda la nutrición ni promoverá la salud, incluida la prevención del VIH/SIDA. Ninguna otra política es tan poderosa para aumentar las posibilidades de educación de la próxima generación. Y también me atrevería a decir que ninguna otra política es más importante para prevenir los conflictos ni para lograr la reconciliación una vez terminado un conflicto. Cualesquiera sean los auténticos beneficios de invertir en las mujeres, el hecho más importante sigue siendo que las propias mujeres tienen derecho a vivir dignamente, sin carencias y sin temores. En este Día Internacional de la Mujer sugiero que nos propongamos convertir eso en realidad.” El día 8 de Marzo, los trabajadores y las trabajadoras de todo el mundo conmemoramos la lucha y el esfuerzo realizados para alcanzar la justicia y el desarrollo con igualdad de oportunidades para las mujeres. A comienzos de siglo, muchas mujeres se incorporaron al trabajo en las fábricas en unas condiciones muy duras: jornadas laborales larguísimas, de doce y más horas, recibiendo salarios inferiores a los de los hombres. A medida que las mujeres se iban incorporando al mundo laboral, se hacía más evidente que aquella situación no era justa, y poco a poco empezaron a organizarse. Un 8 de marzo de 1857, una marcha pionera de obreras textiles recorrió los suburbios ricos de la ciudad de Nueva York para protestar por las miserables condiciones de trabajo y los bajos salarios. El 8 de marzo de 1908, en esa misma ciudad comenzó una nueva huelga secundada por 40.000 obreras textiles, quienes reclamaban la igualdad salarial, formación, la disminución de la jornada a diez horas, que se permitiera un tiempo para la lactancia y derecho a afiliarse. Bajo el lema "Pan y Rosas", en el que el pan simbolizaba la seguridad económica y las rosas la calidad de vida, las mujeres extendieron sus protestas hacia el derecho al voto y el fin del trabajo infantil. Un suceso que horrorizó al mundo entero, y que tuvo lugar en el contexto de esa huelga, ocurrió en la fábrica Sirtwoot Cotton, donde 129 mujeres perecieron en un fuego provocado por el propio dueño de la fábrica, que las había encerrado para forzarlas a permanecer en el trabajo y no unirse a la huelga. En el año 1977, las Naciones Unidas declararon el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. El color lila con que se identifica este día se debe a que de ese tono era el tejido que estaban confeccionando las obreras el día que murieron. Se exhortó a los Estados a que continuaran contribuyendo a crear condiciones favorables para la eliminación de la discriminación contra la mujer y para su plena participación en el proceso de desarrollo social (resolución 32/142). Esa decisión se adoptó con motivo del Año Internacional de la Mujer (1975) y del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1976-1985), ambos proclamados por la Asamblea. Posteriormente, en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993, se declaró y reconoció que los derechos de las mujeres son también derechos humanos, al señalar que "los derechos humanos de la mujer y de la niña son parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales". Sin embargo, todavía hoy (casi un siglo después de aquellos hechos que se conmemoran en esta fecha) vemos cómo los derechos humanos y especialmente los laborales siguen sin ser respetados. Esta situación se torna aún más grave en el caso de las mujeres, pues si bien es cierto que el reconocimiento de los derechos humanos comprende de manera general a hombres y mujeres, no es menos cierto que la realidad evidencia que los instrumentos internacionales y los mecanismos de derechos humanos, hacen invisibles las necesidades, deseos y demandas de las mujeres al no tomar en cuenta sus especificidades. No hace tanto tiempo, poco más de treinta años, que en nuestro país la mujer necesitaba el consentimiento del marido para realizar una actividad remunerada. El camino recorrido desde entonces ha sido mucho y los avances no pocos, pero ¿cuál es la situación en la actualidad de las mujeres trabajadoras? Las mujeres ganan menos que los hombres, sufren más el desempleo y tienen problemas para acceder a cargos jerárquicos. No sólo se discrimina por ser mujer, sino por tener hijos, por estar casada, o separada, por estar embarazada. Es célebre el caso que en Francia protagonizaron hace décadas las auxiliares de vuelo de la compañía aérea Air France: la discriminación venía dada, no por la condición de mujer, sino por la de ser mujer casada. A pesar de que la tasa de actividad femenina viene aumentando últimamente a mucho mayor ritmo que la masculina, sigue existiendo una diferencia sustancial a favor de los hombres. Si la tasa de desempleo de las mujeres alcanzó el 14,4% en el 2004, en los hombres llegó sólo al 7,6%, casi siete puntos porcentuales de diferencia. La discriminación salarial es otro problema que no afecta sólo a mujeres españolas sino que es un hecho extensible a todo el mundo. En España, porcentualmente hablando, la diferencia entre ambos géneros alcanza nada menos que el 19,2% de diferencia a favor de los varones. Un dato obviamente elevado, aunque todavía hay casos peores: en Reino Unido, los hombres ganan hasta un 22% más que las mujeres y en Alemania, alcanzan el 23%. En un país tan desarrollado como Japón, la mujer gana por el mismo trabajo que el hombre un 50% menos que éste. El aspecto positivo es que las mujeres están superando a los hombres en títulos universitarios, un 58% son mujeres. Imagino que esto a la larga nos podrá suponer a las mujeres un beneficio salarial ya que: A mayor cualificación del puesto de trabajo, menos desigualdad, según el estudio de Manpower. Los hombres empleados en puestos de baja cualificación laboral pueden cobrar hasta un 48% más que las mujeres en Europa (42% en España). Sin embargo, esta diferencia disminuye al aumentar la cualificación (la media europea es del 35,6% y la española un 18,6% a favor del colectivo masculino). ¿Por qué estas desigualdades a nivel salarial? El Informe de 2004 sobre la igualdad entre mujeres y hombres elaborado por la Comisión de las Comunidades Europeas da algunas pistas al respecto. Después de señalar otro dato interesante -que esta brecha salarial es mucho más elevada en el sector privado que en el público-, esboza como motivos más probables la diferente participación en el mercado de trabajo, la segregación por sexos, la estructura de carrera profesional y salarial y la infravaloración del empleo donde predomina el sexo femenino. La necesidad de hacerse cargo de los hijos se perfila como un importante condicionante, ya que ello conduce a que las mujeres se inclinen por empleos flexibles, trabajos de media jornada y desarrollen carreras profesionales más cortas en el mismo plazo que los hombres, dejando sus empleos con más frecuencia o acogiéndose a jornadas reducidas. Además, existe un factor cultural por el que muchas mujeres tienden a escoger profesiones más características del sexo femenino. Una influencia que se hace notar ya desde los primeros estadios de la orientación profesional, en el mismo momento de la elección de estudios superiores. Y es que, a pesar de haber alcanzado un nivel de instrucción semejante al de los varones en este ámbito, sus opciones de estudio siguen estando influenciadas por el factor sociocultural, escogiendo las materias encaminadas al posterior desempeño en profesiones típicas de mujeres. La influencia cultural deja sentir su presencia incluso en los procesos de contratación, en los que suele asignarse a las mujeres cualificadas trabajos poco estratégicos y operacionales. ¿En qué trabajan las mujeres? Así que la siguiente pregunta sería ¿en qué trabajan las mujeres? ¿Cuáles son esas profesiones predominantemente femeninas y socialmente percibidas como tales? Según el citado Informe de la Comisión Europea sobre la igualdad, los porcentajes más altos de presencia femenina se dan en sectores como los servicios sociales y asistencia sanitaria, venta al por menor, administración pública y educación, mientras que áreas como las finanzas o ingeniería cuentan con una mayor proporción de hombres. El estudio de la OIT, por su parte, señala que la ingeniería, las ciencias físicas y químicas, el derecho y la administración de servicios sanitarios están considerados más propios de los varones, mientras que empleos como el de bibliotecaria, enfermeras y profesoras lo están más como de mujeres. Curiosamente, incluso en las áreas donde predominan las mujeres, se sigue dando la llamada segregación vertical, con una mayoría de hombres ocupando los puestos de mayor responsabilidad mientras que ellas permanecen en puestos menos estratégicos. A pesar de todo, existen algunos terrenos históricamente “masculinos” en los que la presencia femenina está dejando sentir su avance. Tal es el caso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) o él ámbito de la judicatura. En cuanto a la tipología de puestos ocupados, según los datos de la Comisión Europea, los hombres tienen dos veces más posibilidades de alcanzar puestos de gestión, y más de tres de acceder a cargos superiores de dirección. El estudio de la OIT, por su parte, esboza una sencilla regla empírica: cuánto más alta es la jerarquía institucional, menos mujeres se encontrarán en ella. Mujeres en el poder: asumiendo responsabilidades No hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor para que uno se dé cuenta de ello. En las grandes empresas multinacionales, ¿cuántas mujeres se sientan en el consejo de administración? En el caso de las que en nuestro país cotizan en el IBEX 35, tan sólo 5 de un total de 102 consejeros. Otro tanto podría decirse de las universidades, donde tan sólo 4 de los 72 rectores españoles son mujeres. A nivel global, según la OIT, tan sólo un 3% de media accede a puestos directivos superiores. Os invito a que leáis el informe emitido en diciembre de 2005 por la Asociación de Mujeres Juristas Themis, sobre Las Mujeres y La Toma de Decisión. http://www.democraciaparitaria.com/ En él se recogen datos tan escalofriantes como que en la Real Academia de la Lengua Española no hay ninguna mujer, o que ninguna mujer ha ostentado el cargo de Defensor del Pueblo. ¿Qué aleja a las mujeres del poder empresarial? Un reciente estudio elaborado por el Centro Internacional de Trabajo y Familia de IESE cita como principales dificultades de las mujeres españolas para acceder a cargos directivos, su escasa representatividad en puestos de dirección, así como, los estilos de dirección inflexibles, la discriminación retributiva y la ausencia de medidas de conciliación entre la vida profesional y familiar. Es precisamente este último factor el que suele determinar el abandono de la empresa por parte de las directivas. El problema es que en España se trabaja con los horarios más largos de Europa, lo que, paradójicamente, no redunda en una mayor productividad, sino todo lo contrario. De las ejecutivas que finalmente optan por dejar la empresa, un 59% prosigue su proyecto profesional en otra compañía, el 27% crea su propio negocio y un 12% se establece como autónoma. La menor presencia de las mujeres en cargos de alta responsabilidad responde en gran medida a factores personales y sociales, destacando en estos últimos -aparte de la cronología de su incorporación al mercado laboral- la influencia de la cultura social dominante. Esta menor presencia es un problema de decisiones y no de opciones. La homogeneidad en la trayectoria profesional, con un hilo conductor vocacional y escasos cambios de itinerario, parece ser una característica compartida por la mayoría de las mujeres de éxito. Por otro lado, la elección de los estudios se perfila como un factor determinante en la orientación inicial de la carrera, ya que el acceso a los estudios superiores hace años que dejó de suponer para las mujeres un obstáculo (actualmente más de la mitad de los matriculados en las universidades españolas son mujeres). La mujer emprendedora Según datos del Banco Mundial de la Mujer, el 50% de las nuevas empresas creadas en la Unión Europea lo son por mujeres (en España el 30%). La OIT señala, entre las motivaciones que animan a una emprendedora a establecer su propio negocio, el deseo de una mayor independencia, la necesidad de equilibrar su proyecto profesional y su vida privada, la reacción ante experiencias laborales negativas o la búsqueda de un estilo de vida más relajado. Curiosamente, el beneficio financiero no parece ser una causa determinante. En cuanto al perfil de la emprendedora española, la mayoría se encuentra en el rango de edad que va de los 25 a los 44 años, y un 26% son tituladas superiores, porcentaje prácticamente similar al de los hombres (27%). Apunta este informe a una creciente iniciativa empresarial femenina según van pasando los años aunque con significativas diferencias con respecto a los hombres. Cuando se trata de rentas altas, la mujer muestra una menor iniciativa emprendedora, con los varones representando el 44% frente al 35% femenino. La razón estaría en que la mayoría de mujeres de mayor renta no se sienten en la necesidad de emprender. Por el contrario, las mujeres en estratos de renta más baja sí sienten esa necesidad para alcanzar una situación laboral estable que, consecuentemente, invierte los datos anteriores. Por lo que se refiere a los sectores preferidos por las emprendedoras, los datos recogidos por las Cámaras de Comercio españolas señalan que más del 80% se inclina por el sector servicios. Discriminación en el hogar Las mujeres dedican cada día 7 horas y 58 minutos al trabajo doméstico (mantenimiento y limpieza del hogar, cuidado de los hijos, compras y otros asuntos). Los hombres, apenas dos horas y media. (Fuente: Instituto de la Mujer). La desigualdad respecto al hombre en la asunción de las responsabilidades domésticas y familiares interfiere en la vida profesional de la mujer. Se calcula que los hombres asumen menos de un 40% del conjunto de las tareas domésticas y entre 25% y un 35% de las tareas vinculadas a la educación de los niños menores de 7 años. En un país tan desarrollado como Japón, al hombre aún se le llama Shusin que quiere decir AMO y a la mujer OKUSAN que quiere decir la que se queda en casa. Todavía ella es quien debe ocuparse de los deberes domésticos y estar al servicio del hombre. Si trabaja fuera cobra un 50% menos que el hombre. Algunos hombres que lean esto y que “ayudan“ en casa, se sentirán ofendidos. Sin embargo, aunque los datos muestren que en la actualidad hay más hombres que colaboran en las tareas del hogar que hace dos décadas, me sorprendí enormemente cuando en clase de mi hija de 14 años (3ºESO), durante una charla sobre la discriminación de la mujer, pregunté a las chicas cuántos de sus hermanos colaboraban igual que ellas en las tareas domésticas. Unas 20 chicas contestaron que ninguno. Sólo un chico reconoció que en su casa, donde él es el único varón con tres hermanas más, él hacía las mismas labores del hogar que sus hermanas. ¿Qué está pasando? ¿Las madres de mi generación (nacidas entre los años 60 y 70), que hemos sufrido la frustración de la pobre realización de nuestras madres, no estamos siendo capaces de educar a nuestros hijos en igualdad? Somos nosotras las que tenemos ahora mismo la oportunidad y el privilegio de cambiar las cosas. En el hogar, con nuestro ejemplo, con nuestra firmeza en convicciones de igualdad, es donde podemos plantar la semilla que germinará en generaciones futuras originando una sociedad más justa. Sé que es tarea tanto de hombres como de mujeres el cambiar la sociedad. Pero acogiéndome a ese don tan preciado que es dar la vida, a nuestra condición maternal y de cuidadora casi innata, propongo que seamos nosotras las que impulsemos este cambio desde el seno de nuestras propias familias. Es la vía más segura que existe para que de una vez por todas se acabe con la discriminación a la mujer. La educación es una de las herramientas más importantes para prevenir la discriminación y la violencia de género. Los niños y las niñas tienen que aprender desde que nacen que cuentan igual para la sociedad. Tienen que saber que se espera tanto de ellas como de ellos. Esta labor hay que hacerla desde la escuela, pero también desde la familia. Y hay que hacerla cuidando todos los aspectos, desde el lenguaje que se emplea, las materias que se imparten, cómo se imparten, transmitiendo valores, enseñando a razonar y a pensar en términos de igualdad y libertad. La Discriminación Positiva A colación del Día Internacional de la Mujer y de la polémica que se ha levantado en cuanto a la Discriminación Positiva que favorece a la Mujer, quisiera mostraros lo que he recopilado sobre el tema. La Discriminación Positiva es una política social dirigida a mejorar la calidad de vida de grupos desfavorecidos. Igualdad de oportunidades para todos los grupos con independencia de sus desventajas históricas o de explotación. Los programas están especialmente concebidos para eliminar el racismo, el sexismo y la discriminación contra las personas mayores y los discapacitados. El objetivo de estos movimientos es combatir cualquier estatus o característica que tradicionalmente ha justificado un tratamiento desigual promoviendo los derechos y privilegios del grupo desfavorecido en cuestión. La teoría subyacente es que si, a través de acciones tales como el trato preferencial a la hora de conceder un trabajo, se consigue que el grupo desfavorecido comience a ser respetado, se podrán ir retirando de forma paulatina las acciones oficiales y se establecerá una igualdad de oportunidades o, en el caso ideal, una igualdad de resultados. Ejemplos como los documentos de transporte especiales para la tercera edad o el establecimiento de porcentajes de empleo para discapacitados, ponen de manifiesto la naturaleza de esta reforma social. La pregunta que lanzo es… Si nadie se ha alarmado por reformas de discriminación positiva para jubilados o minusválidos… ¿por qué la mujer de nuevo sufre la intolerancia a raíz de la discriminación positiva? La mujer es el colectivo más castigado socialmente: el 70% de los pobres del mundo son mujeres, cada 18 segundos una mujer es maltratada en el mundo, en términos generales la mujer cobra casi la mitad que el hombre por el mismo trabajo, el índice de analfabetismo femenino supera con creces la del hombre… Tratar de manera desigual lo que en el punto de partida tiene una situación desigual sería la base del concepto de Discriminación Positiva que nace en Estados Unidos en la década de los 60 y parte del derecho anitidiscriminatorio que surge como reacción a las protestas protagonizadas por la población afroamericana y por otras minorías y movimientos de contestación social. El Informe sobre Desarrollo Humano 2004 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sostiene que las políticas de discriminación positiva son necesarias cuando se trata de desventajas colectivas, como es el caso de las mujeres. Democracia Paritaria La inclusión del criterio de PARIDAD constituye la garantía del ejercicio de un derecho fundamental de ciudadanía, “el derecho a ser elegido”, similar y comparable al que en su momento fue considerado el derecho al voto. La presencia de mujeres en las candidaturas y en los órganos de decisión ha sido impulsada desde Naciones Unidades, Consejo de Europa, Unión Europea y Unión Interparlamentaria, así como desde diversos foros nacionales e internacionales (Conferencias Internacionales sobre la Mujer), puesto que consideran que la infrarrepresentación de las mujeres en los órganos decisorios implica un déficit incompatible con una verdadera democracia. Es por ello que, en la Cumbre de Atenas de 1992, surge la idea de la Democracia Paritaria, que parte del reconocimiento de que las mujeres constituyen el 50% de la sociedad, la mitad de las inteligencias y capacidades potenciales de la humanidad, por lo que su escasa presencia en los puestos de decisión constituye una pérdida para el conjunto de la sociedad. Por el contrario, una participación equilibrada de hombres y mujeres significa aprovechar ideas, valores y conocimientos necesarios, por lo que se reclama un reparto equilibrado del poder político. La Ley de Cuotas es una media que cabe dentro del concepto de Discriminación Positiva y a través de ella se plantea el objetivo de generar una base igualitaria entre hombres y mujeres en el acceso a los cargos de poder en distintos ámbitos. En una Ley de Cuotas se establecen cuotas máximas (o mínimas) de participación por sexo en candidaturas y porcentajes de cargos electos en comicios municipales y parlamentarios. Además de la cuota (la presencia de mujeres en las listas) es importante que estas mujeres estén situadas en puestos con posibilidades reales de ser elegidas ya que son frecuentes los casos en los que se las coloca al final de las listas para engrosar el porcentaje. El mecanismo más eficaz para contrarrestar esta práctica es el establecimiento del sistema cremallera con la alternancia de mujeres y hombres en las listas. Democracia paritaria para el 2005 fue uno de los propósitos establecidos en la Cumbre mundial de la mujer de Beijing celebrada en 1995. El objetivo establecido fue que en esa fecha se alcanzara el acceso efectivo de la mujer a los niveles de toma de decisiones políticas en un 50 %. Democracia paritaria... ¿Los varones son insustituibles y las mujeres intercambiables? Pero el problema ¿es sólo de cifras?... evidentemente, no. Según ha ido aumentando las cuotas de representación femenina ha ido disminuyendo el tiempo que las mujeres permanecen en sus cargos. El estudio sobre “Paridad y consolidación del poder de las mujeres” realizado por Alicia Miyares demuestra además que el 60 % de las diputadas sólo permanecen una legislatura y de hecho sólo tres mujeres -Ana Balletbó (PSOE), Carmen del Campo Casasús (PSOE) Celia Villalobos (PP)- han permanecido seis legislaturas en el Congreso de Diputados. Esta rotación hace que las mujeres no tengan poder real. “Hacer la renovación por la vía de las mujeres. Ese es el truco. Los responsables de los partidos políticos buscan mujeres muy profesionales a las que alquilan durante una legislatura y luego les dicen adiós. La mayoría de los independientes son mujeres. Cuando las cambian no tienen ningún lío en el partido porque ellas no cuentan con quien las defienda. Y además ellas quedan bien porque han renovado las listas. Perfecto”. Dice Ana Balletbó “Las mujeres no estamos en los círculos de confianza donde se ejerce el poder y el motivo es básico: ellos se conocen desde hace más de muchos años... tienen un nivel de confianza que está por encima del cargo que ocupa cada uno de manera coyuntural... hace 20 las mujeres no estábamos allí y jugamos en desventaja” señala Lourdes Muñoz, diputada del PSC en el Congreso con amplia experiencia en la militancia política pese a su juventud. Entre sus empeños ha estado el que en su partido se establezca una “secretaría de las mujeres” que ella coordina en vez de una “secretaría de igualdad”. “La paridad no es sólo cuantitativa, hay que avanzar en la mirada de las mujeres a la definición y la aplicación de las políticas” apunta Muñoz. El fin de la paridad es un cambio de actitudes y valores respecto a la distribución social de los sexos. Si al final la paridad va a consistir en que seguimos perpetuando los estereotipos, la hemos vaciado de contenido” plantea Miyares. Durante años la lucha de una buena parte del movimiento feminista ha sido por el derecho a estar presente, porque las mujeres tengan el mismo derecho a equivocarse que los hombres, también el mismo derecho a la incompetencia y a la competencia que ellos. Pero pensar sólo en cifras, advierte la filósofa Victoria Sendón implica el peligro de que se instaure “la política del harén”. “Cada jeque se rodea de sus chicas y elige a las menos molestas, a las más sumisas, a las que no le van a robar protagonismo, o como mucho, a las que le darán más votos. Si la paridad no se ejercita desde las propias mujeres que eligen a sus representantes y las imponen a los partidos, la cosa no tiene sentido”. Aún queda mucho camino por recorrer …. Por otro lado tampoco las cifras pueden llevarnos a engaño: en España, de momento, sólo se ha alcanzado la paridad en el poder legislativo, el Consejo de Ministros de José Luís Rodríguez Zapatero ha quedado conformado paritariamente con el 50% de mujeres y 50 % de hombres pero los segundos niveles de gobierno la presencia de las mujeres ha quedado reducida a un 24 % ... queda pendiente el ejecutivo y qué decir del poder judicial y de las instituciones económicas. En estos momentos en la mayoría de reuniones donde se deciden “cosas importantes” hay alguna mujer pero ¿podemos considerar que estamos en condiciones de igualdad para plantear y llevar adelante con posibilidades de éxito nuestros puntos de vista? De hecho, si observamos atentamente, los sectores de ejecución de políticas adjudicados a las mujeres tienen que ver habitualmente con los departamentos de la mujer, las políticas de igualdad y los servicios sociales, prolongando el rol históricamente encomendado al sexo femenino de “mujeres cuidadoras”. ¿No va siendo hora ya de reivindicar, por cierto, que las políticas de las mujeres se descuelguen de los ministerios y departamentos de “asuntos sociales” para tener entidad propia? Que duda cabe que el final del siglo XX y los comienzos del XXI han sido importantes y positivos para las mujeres. Desde la perspectiva planetaria se ha logrado la visibilización de los problemas más acuciantes y aunque las sociedades se resistan, a nadie se le escapa que la presencia de las mujeres en el espacio público es imposible de frenar. Dicho esto, debemos reconocer también que incluso en las condiciones más propicias para las mujeres, son los hombres quienes continúan decidiendo cuales son las mujeres que están y en que puestos de responsabilidad... nos dan cargos para trabajar pero siguen controlando de manera absoluta el poder de decisión. |
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